Frente a mi el celeste transporte , avanza y se detiene ,pienso que no cabe nadie más, miro cada carro, se abren las puertas, erróneamente a lo que creí, los espacios se crean a fuerza de necesidad, entro.
Nadie mira y todos con los ojos abiertos, todos respiran lo ya exhalado, el movimiento de una figura orgánica a la velocidad del metro de Santiago, por debajo de la ciudad.
La escalera mecánica atiborrada, prefiero la antigua de `peldaños estáticos , ya casi en la superficie siento el aire fresco , los bocinazos.
Caminar por Ahumada es para mirar al cielo, y de vez en cuando , ver el cartel que dice que cuidemos la ciudad, el perro de la esquina , ese frente al retén móvil, se estira al sol que comienza a delinear los edifios
Desde aquí veo a las mujeres uniformadas, las que caminan con zapatillas y llevan sus zapatos de taco en la bolsa, las que se maquillan , las que cruzamos con el peatón en rojo, las que usan vestidos ajustados, las turistas y sus mapas.
Todo, mientras el que duerme frente a la Catedral se gira y pone el diario en su cara.
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